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Superviviente – Capítulo 2

Fanfic de World of Warcraft

 

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⏤Vamos Yvy, es tarde. Debemos regresar a casa. ⏤Aunque era aún una elfa joven, la cuidadora de la pequeña Guardalbor tenía una voz autoritaria. 

No hizo falta decir nada más para que la muchacha dejase de perseguir a la pequeña cría de dracohalcón y regresase junto a ella. 

⏤Me gustaría tener uno de esos algún día… ⏤comentó al llegar hasta la elfa que la esperaba junto a la puerta principal de la ciudad. 

Sonreía. Aunque recta y autoritaria, Ine era una cuidadora cariñosa. Yvrainne la adoraba y no se molestaba en ocultarlo, de hecho pasaba más tiempo con ella que con su propia familia. La muchacha le devolvió la sonrisa.  

⏤Pensaba que estabas estudiando su anatomía, he visto algunos bocetos… ⏤Le entregó la pluma y la  libreta de la que normalmente no se separaba. 

Ine sabía que estaba llena de bocetos bastante buenos para tratarse de una elfa tan joven y estaba segura de que, con el tiempo, Yvrainne podría llegar a ser una artista de renombre pero su futuro ya estaba escrito. 

⏤No se lo dirás a mis padres, ¿verdad? ⏤Había un atisbo de súplica en su pregunta e Ine sonrió, comprensiva. 

Yvrainne era la única hija de los Guardalbor. Su madre, Syal Guardalbor, descendía de una larga estirpe de consejeros y mantenía la herencia de la familia como asesora en la corte de Lunargenta. No solo su nombre era reconocido, sino también sus distinguidas capacidades para tomar las mejores decisiones. Su padre, Feeros, un soldado que había ascendido a general de brigada en la Guardia Real a base de tantos esfuerzos como proezas realizadas, había decidido dejar a un lado su apellido y tomado como propio el de su mujer. Aunque amables y cariñosos, los padres de Yvrainne no tenían demasiado tiempo para pasarlo con ella, por lo que Ine solía ocuparse de la pequeña. Cuando cumpliese la mayoría de edad, para lo que aún quedaban al menos cinco años más, tendría que comenzar a prepararse para relevar a su madre en el puesto de consejera y, para entonces, se esperaba que estuviese a la altura. 

Ine miraba a los ojos de la muchacha debatiéndose, como de costumbre, entre demostrarle todo el cariño que le gustaría y mantener la posición que le correspondía. Sin embargo, aquellos ojos verdosos, tan extraños entre los elfos y tan luminosos a la vez, se imponían a la distancia que pretendía mantener.

⏤No les diré nada, te lo aseguro ⏤afirmó la elfa⏤, pero dime, ¿Para qué querrías tener un dracohalcón? Y lo más importante, ¿cómo lo llamarías? 

Había un tono cordial en su voz, más suave que de costumbre. Yvrainne sonrió. 

⏤Me gustaría tenerlo como montura, igual que mi padre tiene a Kala. ⏤Luego se quedó pensativa durante un par de segundos⏤. Creo que lo llamaría Toga y será un dracohalcón plateado ⏤añadió con seguridad.  

⏤Plateado, ¿eh? Esos son los más raros de ver… ⏤No pudo acabar la frase. 

Un fuerte estruendo resonó a pocos metros de la entrada de la ciudad, en lo profundo del bosque. Tan solo un segundo después se derrumbó un árbol que arrastró otros en su caída. Ambas observaron con preocupación el camino que se internaba en el Bosque de Canción Eterna, por un momento no se escuchó nada más, solo silencio. El aire estaba en tensión, los guardias apostados a ambos lados de la puerta permanecían atentos. Tan solo el repicar de  las armas delataba el leve movimiento de los soldados en sus puestos, cuando un murmullo creciente comenzó a llegarles desde lo profundo del bosque. Algo se acercaba por aquel camino y lo hacía a paso ligero. 

Ine se irguió para observar mejor y alcanzó a percibir una polvareda que se levantaba entre los árboles. La inquietud fue creciendo en ella, pero su capacidad de reacción, aunque rápida, fue más lenta que el avance de aquella amenaza. Segundos más tarde, todos pudieron observar con terror los cuerpos mutilados y ensangrentados de sus forestales. Avanzaban entre murmullos sordos y pasos hollaban la  arena del camino, mientras abrían una inquietante comitiva. A sus espaldas los cadáveres no eran reconocibles, el paso del tiempo había hecho mella en ellos y los esqueletos y los cuerpos putrefactos marchaban con paso decidido.

⏤¡Entrad! ¡Corred! ⏤Los guardias tiraron de ellas y las lanzaron al interior de la ciudad⏤. ¡Cerrad las puertas! 

Desde dentro, ambos guardias trataban por todos los medios de empujar las grandes hojas de la puerta principal para ayudar a los mecanismos a acelerar el cierre. Yvrainne observaba todo sin acabar de comprender lo que estaba sucediendo. Hacía tan solo un momento estaba observando a la cría de un dracohalcón y de repente…

Ine se lanzó contra una de las hojas  de las puertas y, junto a ella, otros elfos que se encontraban por las cercanías. Todos aportaban algo de su fuerza tratando, en vano, de cerrar el paso a los cadáveres. 

⏤¡Yvrainne, vuelve a casa! ¡Márchate! ⏤Los gritos de Ine se perdieron entre la multitud y el tumulto. 

Yvrainne sintió que la empujaban, la movían ligeramente del sitio e, incluso, a veces le gritaban que huyese. Sin embargo, su cuerpo no respondía, no podía moverse y permanecía parada, observando como muchos ciudadanos de Lunargenta se parapetaban contra las puertas. Entre las hojas a medio cerrar podía ver aún aquellos seres que solo vivían en las pesadillas. Sus ojos se deslizaron lentamente entre la multitud hasta que dieron con la cara familiar de Ine. No podía escucharla, todo a su alrededor sucedía de forma exageradamente lenta y las voces no eran más que un murmullo lejano. Sin embargo, podía ver claramente la desesperación en la cara de la elfa, en la forma en la que le gritaba que huyera, aunque a ella sus palabras no le alcanzasen. 

Por entre los últimos centímetros que faltaban para encajar ambas hojas, Yvrainne pudo ver los cadáveres a pocos pasos de la entrada. Nada parecía que los fuese a detener y, por un momento, tuvo la certeza absoluta de que aquella sería la última vez que vería a Ine. Sus ojos volvieron a deslizarse hacia la elfa. De nuevo, desesperación, terror y lágrimas se mezclaban en un vano intento de lograr detener el avance. No lo conseguirían. 

Saltó a un lado, quitándose de la vía principal, en el preciso instante que una mole informe de carne hacía retroceder las puertas y girar sobre sus goznes con la violencia de un huracán. Los que las estaban reteniendo quedaron atrapados entre los muros y las hojas y solo unos pocos salieron despedidos a varios metros. Ninguno era Ine. 

Aterrada y con un nudo en la garganta torció una esquina y se internó por una calle lateral. A pocos pasos, un callejón se abría en los edificios al otro lado, entre dos estrechas casas y protegido por algunos barriles polvorientos y olvidados. Yvrainne se ocultó entre ellos. 

Desde su escondite podía ver algo de la puerta de entrada, apenas una franja. Ine ya no estaba y un ejército de muertos había arrasado las puertas de Lunargenta sin ningún esfuerzo. Los quejidos y murmullos se mezclaban con el sonido de una multitud de pasos, de carreras y de gritos de las tropas que acudían en ayuda y refuerzo de la guardia de la entrada. 

Se apoyó sobre uno de los muros. Aturdida y algo mareada, echando miradas furtivas a la siniestra comitiva que no dejaba de marchar sin desviarse de la vía principal. Arrasaban todo a su avance y no se detenían.  

Tras unos largos minutos de confusión que le parecieron horas, vio cómo poco a poco se reducía el número de invasores. Atrás quedaban los más rezagados y el núcleo fuerte de los que dirigían aquel ejército. Por las puertas destruídas comenzaron a aparecer los primeros jinetes montados en caballos negros. Parecían recitar algún tipo de hechizo de forma constante, lo que los hacía aún más tétricos, y a su paso, los cuerpos de los caídos comenzaban de nuevo a levantarse y a seguir a la comitiva. 

Unas cornetas de hueso, portadas por esqueletos ataviados con pesadas armaduras, dieron el aviso de que llegaban los altos cargos. Yvrainne había visto más desfiles, pero ninguno como aquel. Sus ojos se clavaron en la montura que acababa de trasponer las puertas. Se trataba de un inmenso caballo negro cubierto de placas oscuras que hacía su entrada en la ciudad con una aparente calma. Sobre su lomo, un humano de piel pálida y cabellos lacios daba órdenes a los que lo rodeaban. Los ojos de Yvrainne pudieron percibir un extraño movimiento por detrás del caballero oscuro, tan solo fue un segundo, lo suficiente para poder atisbar un borrón grisáceo al que siguió un grito prolongado y estridente que desgarró el aire, rompió los sonidos de la multitud y llenó el ambiente con un silencio gélido que calaba hasta los huesos. Yvrainne se sintió obligada a cerrar los ojos, apretó las manos contra sus orejas y se agachó en el suelo del callejón tras los barriles. El grito resonó durante casi un minuto que se hizo eterno y cuando por fin cesó, la muchacha sintió como si le hubiesen robado las fuerzas. Se encontró echada sobre la pared de piedra, incapaz de moverse. Le dolían los tímpanos y le retumbaba la cabeza, mientras un frío glacial se le extendía por todo el cuerpo y las manos le temblaban sin control. 

Un segundo grito la cogió desprevenida, sin poder taparse los oídos, más cercano, más prolongado y mucho más aterrador que el primero. El sonido le taladraba el cerebro, le llegaba a cada uno de sus nervios, le crispaba los músculos y hacía se le erizase el vello de los brazos. El frío se hizo mucho más intenso, como si unas nubes cubriesen de pronto el sol y un intenso invierno se abriese paso desplazando el habitual clima cálido de la región.  Se le saltaron las lágrimas, el fuerte dolor en la cabeza se acrecentó con cada agónico segundo que transcurría y los temblores de las manos comenzaron a sacudir todo su cuerpo hasta que todo se volvió negro. 

Despertó con un fuerte dolor de cabeza, desorientada, mareada y, cuando abrió los ojos, se percató de que era incapaz de enfocar la vista. Un intenso pitido le resonaba en los oídos y le dolían los tímpanos, de hecho notaba algo acuoso resbalar por sus orejas. Al cabo de un momento su visión comenzó a aclararse, las formas se volvieron algo más nítidas y pudo comenzar a contemplar el lugar en el que se encontraba. Estaba en un lugar con poca luz, sumida en una penumbra extraña y lo único que podía observar era un sencillo techo de vigas de madera. Se incorporó poco a poco, aunque le supuso un importante esfuerzo ya que todo el su cuerpo estaba dolorido. Algunas sombras comenzaron a acercarse a ella y a rodearla. Pese al dolor, su primer impulso fue huir. Se revolvió empujando unas colchas que la cubrían y que cayeron pesadamente al suelo levantando una ligera nube de partículas de polvo que revolotearon durante algunos segundos en los débiles rayos de una tenue luz blanquecina. Se pegó a la pared más cercana y se dio cuenta que se arrastraba por una plataforma cubierta de paja, elevada solo unos cuantos centímetros del piso. 

⏤Tranquila, no te haremos daño… ⏤Los sonidos y las voces no parecían reales, a sus oídos húmedos llegaban amortiguados y acompañados aún del intenso pitido. 

Hizo un esfuerzo por forzar la vista y conseguir enfocarla por completo y los borrones empezaron a tomar formas más nítidas. Delante de ella había varios elfos jóvenes, algunos algo mayores que ella misma, otros mucho más pequeños. Una niña de apenas cinco o seis años sollozaba en un rincón iluminada tan solo por algunos haces de luz que entraban desde una de las cegadas ventanas. Unos niños algo más mayores la consolaban con poco éxito. Todos ellos parecían figuras grises, todos con expresiones serias, caras pálidas y cuerpos pequeños y enjutos. Apenas se distinguían del polvo y la penumbra de la habitación, parecían mimetizarse con ella, sentados en el suelo o en pequeños montones de paja desperdigados por el piso. Las únicas dos ventanas que había en la estancia estaban cegadas con gruesos tablones y no dejaban pasar más que unos tímidos rayos de luz exterior, la poca iluminación con la que contaban. Por el ángulo y el tono de la misma, Yvrainne sospechó que estaba amaneciendo, pero tampoco lo pudo asegurar. La habitación olía a madera húmeda y la temperatura no era especialmente agradable. Algunos niños tosían apoyados en las gastadas tablas de las paredes y se arrebujaban en ropas gastadas y desaliñadas. Yvrainne nunca había visto niños así, nunca había contemplado una miseria semejante y todo aquello era algo nuevo y perturbador para ella.  

⏤¿Dónde estoy? ⏤Le costaba hablar, tenía la boca seca y su voz sonaba más áspera y apagada. 

⏤¿Lo has visto?

⏤Sí… 

Unos cuantos elfos de menor edad la miraban de forma directa, cuchicheaban entre ellos, mientras los mayores tenían el gesto serio y triste, hasta el punto de que parecía que se estuviesen apiadando de ella. 

⏤La han tenido que usar ya… 

⏤Seguramente, antes de que llegase aquí y por eso estaba inconsciente…

Las conversaciones giraban entorno a ella, pero nadie parecía estar dispuesto a dirigirse directamente a Yvrainne y ella no era capaz de comprender nada. Las voces le llegaban ahora claras. Uno de los más pequeños se adelantó, apoyando sus manos sobre la plataforma, para observarla más de cerca. 

⏤¿Qué te han hecho consumir? A mi me dieron una especie de lagartija pequeña. ⏤Parecía entusiasmado y muy nervioso. Yvrainne lo miró entre asustada y desconcertada.

⏤¡Basta, Unnel, no la asustes más! ⏤Una de las elfas mayores se acercó hasta la plataforma y se sentó sobre la paja, cerca de la muchacha que permanecía aplastada contra la pared⏤. Soy Arandil, llevo aquí algún tiempo. No le hagas caso a Unnel, algo me dice que tus ojos son así. ⏤Yvrainne abrió los ojos con sorpresa al descubrir que Arandil también tenía los ojos verdes, aunque había un brillo extraño en ellos⏤. No te sorprendas tanto, aquí todos tenemos ese color de ojos, pero todo a su debido tiempo. Estás en el D’Vils. Elethian dice que estamos en casa, aunque esto no se parece en nada a mi casa… ⏤Sus ojos recorrieron la estrecha y alargada habitación con calma⏤. Tendrás muchas preguntas… ⏤continuó diciendo mientras seguía buscando algo⏤. Ah, ya sé. Drazzel, ven aquí. ⏤Su mirada recayó en un muchacho, más o menos de la edad de Yvrainne⏤. Encárgate de explicarle todo a la nueva. Recuerda, no queremos saber su nombre hasta que pase la primera extracción. Si la supera, ella misma nos lo podrá revelar, hasta entonces está prohibido. Los demás, ¡largo!. 

El pequeño grupo se retiró mientras Drazzel se acercaba. Tenía el pelo completamente negro y la piel ligreamente pálida. Posó su mirada sobre Yvrainne y suspiró. Uno de sus ojos era muy parecido a los de Arandil, pero el otro era de un azul tan intenso como el cielo. 

⏤Bienvenida al D’Vils. ⏤Volvió a suspirar y comenzó a hablar de forma mecánica mientras sus ojos paseaban por la plataforma evitando la mirada de Yvrainne⏤. Como ya has escuchado a Arandil, está prohibido mencionar tu nombre hasta que superes la primera extracción…

Un gesto de extrañeza apareció en su cara. Sus palabras se quedaron a  medias mientras observaba con interés algo que Yvrainne apretaba con fuerza en su mano. 

⏤¿Qué es eso? ⏤Su voz cambió, parecía más suave ahora y transmitía curiosidad.

La muchacha miró hacia donde indicaba Drazzel y descubrió que había permanecido todo el tiempo con la libreta y la pluma bien apretadas en la mano. Las miró como si fuese la primera vez que las veía, ni siquiera las había notado, y entonces recordó todo. El ataque, las hordas de cadáveres, la mirada desesperada de Ine, sus gritos, las puertas abriéndose con violencia y la certeza de que Ine no regresaría. Las lágrimas se precipitaron de sus ojos ante la aterrada mirada del muchacho que no acertaba a comprender si su pregunta había provocado aquella reacción. 

⏤Perdona, no quería… ⏤comenzó a decir torpemente⏤. Bueno, mira, yo soy Drazzel Caminalba ⏤Miró de reojo a la muchacha de más edad que parecía enfrascada en dar órdenes a un grupo pequeño que se encontraba al otro lado de la larga habitación⏤. Arandil no nos escucha, así que puedes decirme tu nombre si quieres… Pero hazlo bajito…

La muchacha lo miró y tras unos segundos de silencio se secó las lágrimas. 

⏤Me llamo Yvrainne Guardalbor y esta es mi libreta de dibujos ⏤dijo con la voz aún algo rota, mientras ponía la libreta sobre sus piernas y la abría mostrando alguno de sus bocetos.

⏤¡Vaya! Son muy buenos… ⏤Sus ojos se clavaron en un esbozo de un dracohalcón. 

⏤Ese lo hice justo antes de que nos atacasen… 

⏤Espera un momento… ¿Has dicho que te llamas Guardalbor? ⏤Drazzel susurraba entre dientes y echaba fugaces miradas a Arandil, que parecía continuar entretenida en sus cosas⏤ ¿De los Guardalbor de la corte de Anasterian?

⏤Sí, claro, mi madre es Syal, ¿por qué? 

⏤Cuando tus padres se enteren… ¡A lo mejor podemos salir de aquí! ⏤Por un momento pareció hasta emocionado por la información, pero enseguida su cara volvió a reflejar la tristeza y volvió a exhalar un largo y hondo suspiro. 

⏤No comprendo nada, ¿dónde estamos? ¿Por qué no puedo decir mi nombre? ¿Qué es eso de las extracciones? Quiero volver a casa, tengo que contarles a mis padres lo de Ine… ⏤Su voz sonaba cada vez más agitada. Drazzel suspiró de nuevo. 

⏤Simplemente no puedes volver. ⏤Ante el gesto desconcertado de la muchacha, Drazzel prosiguió⏤. No hay forma de escapar del D’Vils. Lo he intentado varias veces en los pocos días que llevo aquí y es prácticamente imposible. Todas las puertas permanecen cerradas excepto en el momento que nos llevan al sótano. Las ventanas están cegadas también por fuera, además de que algo me dice que han usado hechizos para reforzar la seguridad. Cuando salimos de esta habitación lo hacemos de uno en uno y escoltados por dos de los esbirros de Elethian. En el sótano no hay más salida que la principal y está custodiada por varios de sus hombres…

⏤Entonces, ¿estamos atrapados aquí? ⏤Drazzel se limitó a asentir⏤. ¿Por qué?

⏤Al parecer están buscando alternativas a la Fuente del Sol que fue destruída hace un par de días, cuando te trajeron inconsciente. 

⏤¿Un par de días? ⏤Yvrainne no podía creer lo que estaba escuchando. Pensaba que tan solo hacía unas pocas horas que había sucedido el asedio. 

Drazzel torció un poco el gesto y volvió a echar un vistazo nervioso a Arandil. 

⏤Se supone que esto no debería contártelo, pero es todo lo que te puedo decir porque no sé más. Estamos en una especie de taberna o algo parecido, regentada por Elethian, una elfa de las que mi madre diría que no tienen honor. Ella y su gente se ganan la vida con negocios turbios y según lo que he podido sonsacarle a Arandil, que es la que más tiempo lleva por aquí, ofrecía a sus clientes algo más fuerte que cualquier bebida enana. Obviamente, tenían que probar las sustancias antes de venderlas y no lo iban a hacer ellos mismos, así que abordaban a niños sin hogar. Ahora, además, buscan alternativas a la energía de la Fuente y para eso nos quieren a nosotros. 

Drazzel agachó la mirada y la clavó en el suelo, dejando a la muchacha digerir la información. Antes de que pudiese reaccionar de alguna manera, la puerta de la habitación se abrió y por ella entró una elfa de cabellos dorados y ojos azules. 

⏤¡Fantástico, ya estás despierta! ⏤dijo posando sus ojos sobre Yvrainne que, instintivamente, empujo su libreta y la pluma tras Drazzel intentando ocultarlas⏤. Los demás, preparaos, es hora de intentarlo de nuevo.  Felder, llévala al sótano. 

Un elfo apareció por detrás de la que Yvrainne identificó como la jefa y, por tanto, no podía ser otra que la tal Elethian.

⏤Vamos, te enseñaremos esto para que te vayas familiarizando. ⏤Se acercó a la muchacha y levantándola por un brazo tiró de ella y la arrastró hacia la puerta mientras continuaba hablando entre dientes ⏤: Si es que sobrevives… 

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Esta historia está basada en el mundo de World of Warcraft. Ni el universo en el que transcurre, ni su trasfondo pertenecen al autor. Los derechos son de Blizzard. La historia y muchos de los personajes son originales.

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Ast

Periodista de día, gamer de noche. Me encantan los videojuegos, las novelas fantásticas, el modelismo, la pintura, el dibujo, los cosplays… ¡Demasiadas cosas y muy poco tiempo! Soy periodista, pero me gano la vida como diseñadora web. Me flipa la tecnología y combinarla con mis aficiones, así que… ¿por qué no crear Geek Games? Quiero compartir mis proyectos de pintura de miniaturas, los futuros cosplays y las fotos más chulas, además de artículos y reportajes sobre los aspectos más curiosos de los videojuegos. Si te parece poco, lo hago en mis ratos libres, espera a que tenga tiempo y… ¡verás!

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